domingo, 3 de noviembre de 2019

CON PRISA PERO, SOBRE TODO, SIN PAUSA

Gente que corre de aquí para allá. Todos tienen prisa: unos, porque se les escapa el autobús. Otros, porque llegan tarde al trabajo. Y la gran mayoría, que corre sin saber por qué.
                                 
Hay que tener prisa, que no está bien visto ir despacio por la vida. Hay que ser hiperactivo, tener stress, ansiedad y otros inventos post-modernos que nos roben la paz. Lo peor del caso es que, por mucho que nos apresuremos para no perder tiempo (se supone que la intención es exprimirlo al máximo), hay una sensación generalizada de “no puedo llegar a todo”. El absurdo total.   

Está bien aprovechar el tiempo. Pero también perderlo, cuando convenga. El tiempo en sí no es un valor. Lo importante es cómo se utiliza. He ahí el problema: no hacemos un uso racional del tiempo que tenemos. Si el día tiene 24 horas, trabajamos 8 y dormimos otras 8, aún nos quedan ocho horas libres. Cada día. Pero vivimos instalados en la cultura de la prisa. “Te tenía que llamar, pero no he tenido tiempo”. “Hoy no he comido porque no he tenido tiempo.” “Me gustaría tomarme unas vacaciones, pero no tengo tiempo.” 

El concepto NO TENER TIEMPO es otro maldito invento moderno que nos hace sentir frustrados y, sobre todo, culpables. Que de eso se trata. Y como no tengo tiempo de nada, voy a ir más deprisa para ganar más tiempo al tiempo. ¿Y dónde va el tiempo que ahorramos? Me pregunto. En la era del reciclaje, no somos capaces de reutilizarlo de manera inteligente. Seguimos corriendo de aquí para allá, para no llegar a ningún lado. Eso sí, no hay que parar. Hay que producir, ser multitarea, hacer varias cosas a la vez, que no hay tiempo que perder. Mandamos mensajes escritos, o incluso comemos, mientras caminamos por la calle; hablamos por teléfono mientras cocinamos;  en la playa escuchamos música y leemos mientras tomamos el sol. Queremos abarcarlo todo. Al parecer, se nos ha olvidado el refrán de “Quien mucho abarca….”

Y así nos va. Lo hacemos todo con prisas y, claro, los resultados son los que son.

Yo tengo una teoría sobre por qué nos hemos dejado arrastrar por esta corriente de hacer mil cosas a la vez y ninguna en concreto. Tenemos miedo al vacío, al silencio, a la inactividad. No hay que parar. Porque si paramos, si nos tomamos el tiempo para pensar y analizar, para reflexionar, descubriremos cosas que, quizás, preferimos seguir ignorando. Porque, ¿y si descubrimos que ir corriendo a todas partes no nos hace más felices? ¿y si nos damos cuenta de que ir con prisas no es sinónimo de aprovechar el tiempo? También podríamos llegar a la conclusión de que sólo hacemos muchas cosas, aun sabiendo que vivir no va de  hacer, sino de sentir.

Pero no hay que preocuparse, que para eso hay que parar, hacer una pausa. Aún me gustaría profundizar un poco más, pero tendrá que ser en otro momento, que ahora tengo prisa.   


* Nota:  la falta de tiempo no existe. Es falta de interés.