miércoles, 17 de diciembre de 2025

SEPTIEMBRE

Toca hacer las maletas. Ha llegado el momento de recoger todas esas gotas de verano que han perfumado mis días de felicidad. Tiempo de guardar cuidadosamente esos días lentos en los que no miraba el reloj y el mundo giraba más despacio. Y cómo olvidar las siestas, cuando el calor del sol se colaba por la ventana y me envolvía en un abrazo pegajoso y placentero.

Ahora, mientras doblo las toallas aún impregnadas de arena, pienso en cómo llevarme conmigo ese mar, ese azul intenso y profundo que parecía un refugio seguro. Lo contemplaba durante horas, dejando que su inmensidad calmara mis pensamientos, que el susurro de las olas me acunara.

Es tiempo de guardar los sombreros de paja, las gafas de sol que han visto mil atardeceres dorados y las chanclas que caminaron por la arena ardiente. La brisa marina se despide con un suspiro, mientras el eco de las gaviotas se desvanece en el horizonte. Aún han caído granos de arena del último libro que he metido en la maleta.

El cambio de armario se abre paso. Los bañadores y pareos, protagonistas de días de sol y de sal, vuelven a sus cajones, esperando pacientemente el próximo verano. La vuelta a casa implica también despedirse de las noches estrelladas sin prisa, de los paseos al borde del agua cuando el sol se hundía lentamente, pintando el cielo de naranjas y rosas.

Y aunque el verano queda atrás, me llevo un tesoro de valor incalculable: el recuerdo de días luminosos, de momentos sencillos y felices que me acompañarán cuando la rutina se imponga. La maleta se cierra, pero dentro queda guardado un pedazo de ese mar, de ese azul, de esa paz que sé que volveré a encontrar, aunque sea en mis recuerdos.


domingo, 9 de noviembre de 2025

PAN CON NOCILLA

 

Nací en un mundo que no tenía prisa y giraba más despacio, con la aguja del tocadiscos marcando el ritmo de los días. Gracias a mi padre, que siempre nos ponía música los domingos por la mañana, descubrí a Domenico Modugno y a Elvis Presley. Gracias, papá. Crecí entre cables de teléfono enredados, con  llamadas interminables con mi mejor amiga, con la que hablaba de todo y de nada.

Escuchaba en la radio a Alphaville y  Spandau Ballet y esperaba a que el locutor dejara de hablar para grabar sus canciones en mi cinta de cassette, junto a otras de  Queen, Michael Jackson y Madonna. Me las ponía en bucle, una y otra vez, en mis walkman.

Mi primera vez en el cine me atrapó para siempre. Gracias a Flashdance, renové mis votos con la danza y me compré unos calentadores que nunca me quitaba. Ni siquiera para dormir. E.T me hizo llorar de una manera que ni yo comprendía y me enamoré de Clark Kent en cuanto lo vi vestido de Superman. Él fue mi amor de juventud.

Mi madre nos llevaba al cole en un 850 blanco sin gps, que me parecía el coche más molón de la época. Los veranos eran largos y los días de playa, infinitos.

Pobre de mí, que no vi venir la revolución tecnológica que nos iba a invadir de manera implacable.

Cuánto añoro las tardes de jugar en la calle y de merendar pan con nocilla.

viernes, 5 de septiembre de 2025

MI VERANO FELIZ

Ha sido un verano feliz porque ha estado lleno de días felices.

He logrado cumplir con lo que me había propuesto: dormir la siesta casi todos los días. Algunas veces, en la playa, bajo la sombrilla, mecida por el arrullo de las olas. Otras, en mi cama o en el sofá, pero igual de felices, pese al calor sofocante de la ciudad. Ese calor que sólo podíamos vencer dejándonos vencer por él. Bendita siesta.

Me escapé a Mallorca y también allí fui feliz. El primer día tuvimos la suerte de desayunar en un pueblo pequeño y tranquilo, de esos con calles empedradas, buganvillas en los balcones y vecinos que charlaban mientras compartían el desayuno. El café era delicioso y la ensaimada -la primera de muchas- insuperable. El calor era especialmente abrasador ese día, pero ¿y qué? Bendito verano.

La playa del hotel era preciosa y la habitación tenía vistas al mar. Elegimos bien los restaurantes y comimos de maravilla: tomates con sabor a huerta y pescado con sabor a mar. Por no hablar del desayuno del hotel, que era exquisito. Y todas las playas en las que me bañé eran de aguas cristalinas. Descubrí azules que no sabía que existían. Fueron pocos días, pero bien aprovechados, así que volví con la piel tostada y el alma llena.

También he leído libros que tenía pendientes y he visto pelis que me esperaban desde hacía tiempo. He compartido tiempo con personas queridas, que también querían pasar tiempo conmigo. Qué suerte la mía.

Hoy es mi último día de vacaciones y mañana vuelvo al trabajo. Y, aunque ahora se me hace cuesta arriba pensar en todos los meses que faltan hasta el próximo verano, sé que también vendrán días felices. Días de retomar rutinas y poner el despertador. Y es que el orden me sienta bien. Bendito septiembre.