martes, 29 de noviembre de 2016

NADIE HABLARÁ DE NOSOTRAS HASTA QUE HAYAMOS MUERTO

Esta semana se conmemora el Día Internacional contra la Violencia de género, también llamada últimamente Violencia Machista. El nombre es lo de menos, la cuestión es que no paran de asesinar a mujeres. Día tras día. Y los asesinos son siempre hombres. Esa violencia es evidente y sangrante, pero no es la única. Es solo la punta del iceberg.

Me aterra ver cómo nos acostumbramos a oír que un hombre ha matado a una mujer, una y otra vez. Nos están matando y nadie hace nada. Bueno, nada no. El gobierno ha tomado medidas: sin ir más lejos, ha creado un Ministerio para la Igualdad, ¿o era de igual da? Porque eso es lo que parece: que les da igual. Eso también me agrede.

La raíz del problema es que las mujeres estamos en una situación de inferioridad manifiesta, con la que convivimos con normalidad y aceptación, por mucho que intenten vendernos que hay más igualdad que nunca con ese rollo de la emancipación de la mujer. Es mentira.

Vaya por delante que rechazo el feminismo mal entendido: ese que penaliza el piropo y la caballerosidad. Yo no me siento denigrada por que un hombre me abra la puerta o me regale flores. Que ya lo estamos confundiendo todo. Tampoco me siento ignorada como mujer cuando hablan de los “ciudadanos”, ni me siento especialmente incluida cuando hablan de “ciudadanos y ciudadanas”. Esas chorradas no nos igualan. Ni cambiar el nombre de la “Asociación de padres” de toda la vida, por el de “Asociación de padres y madres”. Los agravios cotidianos son los que me preocupan, esos que estamos dando por buenos.   

Me insulta que las mujeres ganemos la mitad que los hombres por desempeñar el mismo cargo, por ejemplo. También en el deporte profesional. Eso también es sangrante, a la par que vergonzoso e injustificado.

Me siento agraviada al saber que, de las empresas del IBEX-35, sólo 3 están capitaneadas por una mujer. Los que nos acusan de mandonas son los mismos que no nos dejan mandar.

Me mata poner la tv y ver un debate con los principales líderes políticos del país para descubrir que todos son hombres. Todos. Por no hablar de las tertulias políticas, en las que la proporción es de una mujer por cada 6 hombres, como mucho. Me asquea que para ver a mujeres protagonistas en tv las opciones sean verlas anunciando productos para limpiar el baño en el mejor de los casos, o verlas muertas, en el informativo.  

Siguiendo en la tv, me enferma que los presentadores puedan ser feos, gordos, calvos, bajos, incluso viejos, pero ellas tienen que ser jóvenes, guapas, altas, delgadas pero con tetas (¡rizando el rizo!), y sobre todo, exhibir sus atributos físicos. Aunque estemos a cero grados, como en fin de año. Da igual, ellas como si fuera verano. Y encima, para actuar de meras comparsas, para decorar vaya, porque ni un solo programa de los que se emiten en prime-time están conducidos por mujeres. Huelga decir que los que dirigen las cadenas son también hombres.

¿Y qué decir de la conciliación laboral / familiar? Al parecer, ellos no tienen que conciliar nada, con ganar el doble que nosotras tienen más que suficiente. La conciliación, claro, es solo para nosotras, que tenemos que trabajar fuera de casa, dentro de casa, educar a nuestros hijos, fregar el baño, estar guapas, no quejarnos y seguir viendo cómo nos maltrata esta sociedad.

Son hombres los que matan a las mujeres, sí, pero ellos son solo el brazo ejecutor de una sociedad enferma e injusta. Una sociedad formada por hombres y mujeres, por cierto, así que todos somos cómplices. Me niego a culpar a los hombres de todo. Y no creo que la mejor defensa sea un buen ataque.  

Este problema es de todos, así que la única solución es afrontarlo entre todos. Tenemos que luchar juntos para  acabar con estas injusticias objetivas, porque la justicia es, presuntamente, igual para todos.

Pero no para todas.


















1 comentario:

  1. Interesante artículo. Es un problema de todos la violencia, aunque habría que analizar dónde está el germen de la misma y eso muy pocas personas lo debaten y analizan porque es más fácil caer en los sensacionalismos. Una gran parte de la violencia se produce por frustración, falta de amor, pobreza e injusticias. Las mismas mujeres que condenáis a los violentos luego queréis como pareja a un hombre que sea fuerte, alto y... que imponga respeto, un macho alfa que sea violento si fuera necesario, toda una contradicción. No estoy de acuerdo con el tema salarial y de puestos. Hace 40 años tal vez, pero ahora en Europa al menos no hay ningún freno para que una mujer pueda llegar a lo más alto si está dispuesta a sacrificarse. Te pongo un ejemplo, en las ingenierías se gana mucho más, sin embargo no hay mujeres y no hay porque no les da la gana o no les atrae, tal vez porque os gustan más los trabajos sociales, o los que sean menos duros físicamente, pero entonces hay que ser consecuente. Habrá casos de injusticias salariales, pero dime ¿En dónde hay una justicia absoluta para todos?

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